16 jun. 2011

Salvar a un gorrión.

Hace unos días estábamos sentados toda la familia en un banco de una plaza y mi hija se entretenía mirando los pajaritos. Eso le dio la idea a su hermano de perseguir a algunos.

Hace tiempo que quiere tener un pájaro en casa, que ya os conté que la tenemos llenita de bichos. Ahora mismo soltamos ya a la salamanquesa, se murió el cangrejo de río y varias arañas, mosquitos y avispas. Pero han sido sustituidos por un renacuajo, moscardones, más arañas, más avispas (en botes de cristal) etc.


El caso es que a mí no me gustan los pájaros encerrados en jaulas, es algo superior a mí. Yo miro desde mi ventana los nidos de las cigüeñas y las veo volar ¡y me dan una envidia! Adoro a los pájaros, pero más por la envidia que les tengo de lo libres que son. Tener a un pájaro encerrado sin poder usar sus alas me parece algo taaaaaaaan deprimente...

Así que en casa no hay (de momento) pájaros enjaulados. Pero eso no impide que mi niño busque la manera de coger pájaros para que sean "sus amigos" (ahora todos son sus amigos, el día que soltó la salamanquesa se le escurrían hasta las lágrimas diciendo que se había despedido de una buena amiga).

El otro día tuvo mucha suerte porque logró coger uno en sus manos. Yo me quedé flipando ¿cómo había logrado coger a un pájaro? Pronto se desveló el misterio. Era un pichón caído del nido. Ya era bastante gordito, estaba a punto de aprender a volar, podía desplazarse unos cuantos metros, pero no lograba volver a su nido.

Al principio se asustaba y saltaba de sus manos, pero luego el niño le dio agua y lo trataba con cariño, así que se tranquilizó.

Se lo puso en el hombro y le acariciaba con su carita... y el pajarito cerraba los ojitos como durmiéndose... ¡pobrecito!

Vimos que sus padres nos sobrevolaban todo el rato, y aunque no podíamos acceder a su nido que estaba muy alto, sí que probamos a dejarlo sobre una rama de árbol cercano. Enseguida llegó su madre a alimentarlo.

La rama era muy pequeña y fina, no veíamos que pudiera dormir allí. Así que le sugerí prepararle un nido. Mi niño y su padre lo fabricaron y pusieron en él al gorrión. Su madre fue enseguida con él. Y allí lo dejamos.

Por la noche D quiso volver a verle, pero el gorrión ya no estaba. Al día siguiente volvió a la misma plaza y lo buscó por todos lados... pero no lo encontró y se puso muy triste.

Yo traté de decirle (porque creo que puede ser verdad) que casi ya volaba y que seguramente aprendió, pues le faltaba muy poco, y que ahora estará lejísimos, conociendo mundo. Pero D sospecha... y como es un poco pesimista duda... y aunque no lo dice sé que siente temor y pena por su amigo el gorrión, el que confió en él, al que ayudó a volar, al que le hizo un nidito y quien le cagó la camiseta jejeje

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