12 jun. 2011

Durmiendo en casa de yaya

¡Qué dulce y especial es quedarse a dormir de cuando en cuando en casa de la abuela!

Cada vez que mi hijo dice que se queda a dormir con su yaya yo no puedo evitar acordarme de la ilusión que sentía al ir a dormir a casa de mis abuelos.

En cada casa había una serie de cosas muy distintas, pero ambas tenían mucho en común, se esmeraban en darme de comer lo que más me gustara, aunque fueran cosas muy sencillas. Cenar puré de patatas o desayunar un huevo frito era una delicia cuando está hecho con tanto amor.

Las abuelas nunca tienen prisa porque te duermas, no te atosigan. Te despiertas y alegremente te incluyen en su rutina, te preparan el desayuno, salís juntos a comprar, le acompañas en sus tareas diarias... y a ratos juegas a su lado, saboreando la calma y la ausencia de estrés con que se mueven las yayas... pues la vida les ha hecho comprender que por mucho que corramos llegaremos todos al mismo sitio.

Algunas noches cuando mi hijo no está en nuestra cama y sé que duerme con su yaya, suspiro esperando que sea tan feliz como yo lo fui en esos momentos, y entonces, me abrazo a mi hijita y me duermo recordando los olores, los sabores y el amor que vivía yo en casa de las yayas.

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