Ahora mismo me siento feliz y muy a gusto con muchos de los aspectos de la educación de mi hijo mayor que hace tan solo unos meses que me agobiaban.
El año pasado más o menos por estas fechas tuve que cambiar el chip, pasé de ser una mamá que trataba de luchar por un proyecto de escuela libre o activa para la educación de sus hijos a ser una mamá homeschooler. El proyecto se vino abajo, y con ello tuve que asumir un papel que, por alguna extraña razón, nunca me había planteado que podría llegar a desempeñar.
Es curioso... no tenía un plan B. Confiaba tanto en el proyecto de colegio alternativo que ni se me ocurrió pensar en "qué pasaría si..."
En ese momento todo me quedaba un poco grande, no sabía si sería capaz de sacar esto adelante.
Ahora me siento muy bien.
La educación en familia ha pasado a ser algo que siento como lo más natural y lo mejor para mi hijo en esta etapa de su vida en la que nos necesita tantísimo todavía y que necesita abrirse al mundo poco a poco de forma sosegada y sintiéndose bien acompañado.
De momento sigo pensando que me gustaría poder disponer de un colegio distinto a lo tradicional para cuando sea más mayor. Creo que en el futuro mi hijo necesitará algo más que lo que le podemos aportar en casa (aunque ahora ya no sé si llegado el momento cambiaré de opinión), y me gustaría que pudiera aprender en un lugar donde la prioridad en la educación siguiera siendo la que es en nuestra casa, es decir: mantener y preservar el gusto y el disfrute por aprender.
Por ahora, centrándonos en el presente, este objetivo lo vamos logrando en nuestra familia con esfuerzo, ganas y creatividad.
D. aprende mucho (o al menos yo lo considero así), quizás no todo son las materias que en este momento corresponderían al currículum oficial, pero aprende. Y sobre todo disfruta, es feliz aprendiendo, para él es una fiesta, un premio, ponernos juntos a "hacer cosas". Él pide saber, leer libros de ciencias, ver documentales, hacer experimentos, hablar de historia,...
Me parece que él tiene un lujo que todos los niños de esta edad deberían disfrutar, sin tediosos deberes obligatorios, sin pesadas repeticiones, sin la obligatoriedad de tener que repetir cien veces lo que ya sabes y no poder avanzar porque hay que seguir el ritmo de la clase entera, sin agobiarse por no avanzar tan rápido como el resto de los niños en las áreas en las que tienes dificultad... no compararse con nadie, aprender por el gusto de saber, no por tener que demostrar.
En todo lo que vamos acometiendo vamos bastante bien, entendiendo que, aprendamos mucho o poco, lo hacemos disfrutando y sintiendo que aprender es bonito, que nos nutre y por eso nos gusta tanto.
Pero hay una pequeña excepción. La lectoescritura.
Y digo pequeña porque realmente el problema en sí no es demasiado grave. Aunque lo suficiente para preocupar de vez en cuando a una mamá algo insegura todavía en estas lides...
Su nivel claramente es inferior al de la media de los niños de su edad (al menos de esta ciudad donde se aprende a leer generalmente entre los 4 y los 5 años). Tiene 6 años y no lee todavía.
Conoce las letras mayúsculas y la mayoría de las minúsculas, pero las conoce por su nombre "eme" "pe" en lugar de por su sonido, y eso nos está ralentizando claramente. Cuando me di cuenta del error era un poco tarde y ahora no acepta bien cambiarles el nombre a las letras. Le ha costado mucho avanzar del "eme-a" para poder leer "mmmmmmmm-aaaaaa"
Pero en esas estamos todavía.
Empieza a leer sílabas sencillas, y aún así le cuesta un rato cada una. Empieza a distinguir las sílabas inversas, pero no siempre lo logra. Y todavía hay sonidos que no domina en absoluto (g-j, c-z-q, b-v, f-z, y-ll).
Escribe en mayúsculas, cada vez mejor, aunque todavía sin total autonomía, sólo puede escribir sin ayuda palabras sencillas por ahora, y muy poco, no acepta bien que se le sugiera escribir algo, y por su propia iniciativa algunos días escribe varias palabras pero a veces puede pasar semanas enteras sin escribir.
Estoy enseñándole la letra cursiva. Le gusta practicarla, lo hacemos poco y de forma lúdica, y lo acepta bien, pero cuando escribe sus cosas no usa la cursiva para nada, solamente mayúsculas, y si me pide que le escriba algo que necesita se enfada si lo hago en minúsculas... les tiene un poco de manía, aunque parece que ahora que practica la cursiva se le empieza a quitar un poco.
Vamos, que está bastante verde todavía.
Pero aquí el problema no es ese realmente. Tampoco creo que se nos haya "pasado el arroz", a ver, que solo tiene seis años, y puede perfectamente alcanzar el mismo nivel de lectura que los demás niños en cualquier momento... siempre que tuviera ganas e interés.
Y aquí está el quid de la cuestión... EL DESINTERÉS.
Y es que nos hemos topado con una barrera difícil de sortear. A mi hijo cuando algo le interesa es una esponja, y no se cansa de aprender y profundizar y practicar e insistir. Supongo que como a todos los niños...
Pero si algo no le interesa es como darse de cabezazos contra un muro.
No entendía muy bien cuál es la razón de que tenga tanto desinterés en la lectura. La escritura lo entiendo más o menos, escribir para él es cansado todavía, tiene que pensar mucho qué letra poner, hay que trazar,... Realmente a la escritura por ahora no le doy tanta importancia, tampoco veo tanto desinterés por ella, y las objeciones que pone las puedo comprender. De hecho en los últimos días (que me he estado fijando bien en él para escribir este post) me he dado cuenta que, pereza aparte, en la escritura va mucho mejor que en la lectura.
Pero ¿por qué se niega a aprender a leer? ¿por qué no desea intentarlo? ¿por qué a menudo se enfada cuando parece que alguien le invita a leer algo?
A él le encantan los libros, siempre quiere que le lea historias y toda clase de libros. Todos los días varias veces va a su estantería y coge un libro y se pone a ojearlo, aunque solamente pueda ver los dibujos le encanta tirarse en el sofá a "leer". Y ahora que tengo a la bebé no puedo leerle casi nunca cuando me lo pide, y me da algo de rabia, y me parece que si supiera leer no dependería de que yo pueda o no pueda en ese momento. No se pasaría a veces ratos y ratos esperando.
Llevo un tiempo confusa con este tema. Si estoy segura de que a él le gustaría leer... ¿por qué no quiere aprender?
No lo entendía. Y ahora creo que sí empiezo a entenderlo...
Por un lado he estado observando a mi hijo en las últimas semanas, y he visto que casi siempre acepta gustoso las invitaciones para hacer "juegos de letras". No le molesta si ponemos en un papel "ma" "am" y tratamos de distinguirlas. Le gusta si jugamos a dónde suena la "r" suave o la "rr" fuerte. Quiere que le explique por qué la "s" se escribe de diferentes maneras...
Y entonces me doy cuenta de que realmente es posible que no le moleste aprender a leer, sino que lo que le molesta es
sentirse examinado constantemente.
He observado que si le doy herramientas para aprender a leer las quiere, no las rechaza. Pero que los adultos, fruto de nuestra educación escolar, estamos siempre pensando que los niños para aprender deben "practicar" así que de vez en cuando he estado intentando que pusiera en práctica esas herramientas, bien por el método tradicional: "¿qué pone aquí? pone MA" o bien en contextos reales (títulos de los libros, partes de los comics, etc). Sin darme cuenta de que eso no es una enseñanza... eso es una prueba para evaluar conocimientos.
Aprendimos a leer así, pero no es lo correcto para todos los niños. Veo que él en lugar de leer la sílaba que le pido me mira a mí o intenta averiguarlo con imaginación.
El otro día abordé el tema directamente. Le dije lo que pensaba, que me parecía que le tiene un poco de manía a leer y que no entiendo por qué. Me dijo que a veces se siente un poco mal porque le dicen que lea (me puso el ejemplo de un primito de su edad que le dejó una revista) y que él no sabe cómo se hace eso de leer, que ve un montón de letras "emburruñadas" (esa fue su expresión) y que no sabe qué hacer con eso.
Yo le he tranquilizado. Le he dicho que es pequeño, que aún no se le ha caído ningún diente de leche y que muchas personas que estudian la infancia creen que los niños no están listos para comenzar a aprender a leer hasta que no se les empiezan a caer los dientes de leche. Le he puesto el ejemplo de este primito suyo y otro amiguito de su edad que también lee ya mucho y a ambos se les han caído ya practicamente todos los dientes de leche... se ha quedado más tranquilo.
Por otro lado le he explicado que para poder leer primero tiene que saber bien todas las letras, mejor de lo que ahora las sabe, que solo hemos empezado (le he dicho) y que tiene que saber bien su sonido y unirlas con otras. Y que por eso aún no puede leer, que no es magia, que es como cuando ha aprendido a ir en bici o a nadar, que primero hay que poder hacerlo por estar preparado y listo y luego en pocos días de practicar ya le saldrá estupendo.
Lo veo más tranquilo y contento...
Después de todo esto me doy cuenta de que he comentido muchos fallos. He pretendido que dándole unas pocas herramientas (conocimiento somero de las letras, no profundizando) ya podíamos pasar a silabear. He creído que si comenzaba a leer un poquito (ayudándole) se animaría a aprender las herramientas que aún le faltaban. Y he abusado sin darme cuenta en los últimos tiempos del método tradicional, que más que una enseñanza de la lectura, es simplemente una examinación constante para ver si aumentas tu nivel.
Así que he considerado seriamente que debo hacer cambios drásticos en mi forma de abordar la lectura (la escritura creo que no va tan desencaminada).
Voy a centrarme en las cosas pequeñas, volveremos al abecedario, pero esta vez intentaremos de nuevo nombrar a las letras por su sonido. Vamos a centrarnos en las minúsculas para que las afiance. Haremos juegos estilo montessori para la conciencia fonológica. E iremos avanzando en la unidad fundamental de la lectura: las sílabas.
Paralelamente a esto voy a comenzar el estudio de la gramática. Aunque no sepa leer creo que necesitará algunas nociones para poder leer luego mejor. Vamos a comenzar a hacer
juegos orales para intentar diferenciar unas palabras de otras, y luego se las señalaré en textos. También aprenderemos qué es una frase o una oración, para que sirven los signos de puntuación, volveremos a repasar (porque creo que se le ha olvidado) para qué son las interrogaciones y exclamaciones. Desde que nació la pequeña Z no dispongo de ratos largos para transcribirle cuando quiere inventarse una historia. Y creo que es un fallo haber abandonado este hábito, porque aunque no supiera leer ni escribir iba aprendiendo a redactar y lo hacía muy bien. Intentaré encontrar huecos para volver a hacerlo.
También seguiremos trabajando, como venimos haciendo, en la comprensión de textos cada vez más complejos. Cuando le leo algunos libros de frases complejas veo que va pillando mucho mejor las cosas, así que hay avances en la comprensión lectora (aunque aún no lea por su cuenta).
Pero sobre todo y ante todo voy a
enseñarle, no voy a volver a preguntarle para que demuestre lo que sabe y me
aguantaré las ganas de saber si mi trabajo de siembra está dando algún fruto.
También sé que con mi hijo lo que más funciona para que le apetezca hacer algo a él no es que le invites a hacerlo, sino que te vea que lo haces tú. Así que he estado diciéndole "mira, voy a hacer estas letras ¿te apetece verme?" y entonces me ha contestado "bueno, pero yo también quiero, así que una tú y una yo" jejeje
He estado sufriendo un poco durante las últimas semanas con el tema de la lectoescritura, pero ahora estoy ilusionada con el nuevo enfoque, creo que he detectado algunos fallos y también me doy cuenta de que aunque esta es la faceta que más problemas nos está dando, también seguramente sea la que más nos ayudará a aprender sobre el aprendizaje (valga la redundancia).