6 nov. 2011

Unschooling, educación libre, escuela activa, directividad...

Me gusta mucho la educación. Desde que era estudiante me gustaba todo lo relacionado con el mundo de la enseñanza-aprendizaje. Siempre se me ha dado bien enseñar y me ha gustado hacerlo, pero aún así, cuando llegó mi momento no elegí el camino de la educación porque en mi entorno era una carrera muy infravalorada.

Magisterio se percibía como la facultad a la que iban los fracasados o los que no podían acceder a otra cosa. Jamás me lo planteé siquiera, es hoy en día cuando me doy cuenta de por qué seguramente ni me imaginé de maestra, cuando era seguro mi vocación. También esta situación me permite comprender las causas de tanto desinterés y desmotivación por parte de gran parte del colectivo de maestros que he conocido, pues no hay muchos que sean vocacionales... y eso se nota.

Después, cuando la vida (y mis propias elecciones) me llevaron por otros derroteros, al final acababa siempre enseñando a otros. Y disfrutaba con ello.

Pero cuando realmente decidí dar el paso de lanzarme a la educación formal como profesora de secundaria abrí los ojos y me di cuenta de que el mundo de la educación es y siempre ha sido excluyente. Me di cuenta de que yo siempre estuve en el grupo de aquellos a los que el sistema les funciona, pero en ese momento pude ver la realidad de aquellos otros a los que el sistema les aplasta.

Entonces ya tenía un hijo. Un hijo muy pequeñito, que aún así ya se veía que no iba a encajar en el sistema como había encajado yo. Y esas reflexiones me llevaron a leer mucho, a descubrir mucho, y a plantearme que otra forma de enseñar y aprender ES POSIBLE.

Desde entonces no he dejado de aprender y aprender sobre diferentes teorías, estilos educativos, estilos de aprendizaje, bla, bla, bla.

Y todo ello me ha ido llevando a mi forma personal de entender la educación y el aprendizaje, que es de un modo muy flexible, muy abierto, sin rigideces, entendiendo que todo puede ser positivo para aprender y todo puede ser también negativo según de qué modo se lleve a cabo.

Por eso en casa no seguimos un estilo de educación específico, tratamos de irnos adaptando a las necesidades y capacidades de cada momento.

Hasta los cinco años y medio estuvimos instalados en el unschooling puro, pero actualmente creemos que esto ya no nos sirve con D.

Desde luego yo no dudo de que el unschooling sea una opción válida para aprender. Por lo que observo en mi hijo, estoy segura de que un día llegaría a querer por ejemplo aprender a leer y pediría las herramientas para ello. Pero también es cierto que, por lo que veo en él, este interés podría demorarse bastantes años. Esto es algo que, ahora mismo nosotros no nos podemos permitir, por diferentes razones de mucho peso para nuestra familia.

Además, como ya he hablado en otros post, las condiciones familiares para hacer unschooling no son ahora mismo las más adecuadas. Por diversos temas que nos ocupan la mente y el tiempo, no podemos dedicarle prioridad absoluta a su aprendizaje en todo momento, la edad de la pequeña Z (14 meses) es complicada, siempre quiere estar en medio de todo, tenemos menos tiempo y no puedo dejar siempre lo que estoy haciendo para ayudarle a aprender lo que él demanda. Así que necesitamos tener propuestas para cuando tenemos tiempo y disposición mental para acompañarle.

De momento dejamos el unschooling para ciertas áreas en las que sí presenta mucho interés. Y hemos comenzado a preparar propuestas para otras áreas que no son de "su" interés, pero sí tenemos "nosotros" (los padres) interés en que avance. Aunque por ahora sí que seguimos practicando totalmente la filosofía del aprendizaje libre y la no directividad.

Para nosotros esto significa que proponemos actividades y presentamos temas, si son aceptados vale, si no se aceptan lo dejamos. Nada es obligatorio aprenderlo ahora y de este modo, si consideramos un aprendizaje muy importante buscamos diferentes momentos o maneras de presentarlo hasta que el niño lo acepte gustoso. Sin prisas, sin objetivos rígidos que haya que forzar al niño a cumplir, pero sí con objetivos básicos que guíen nuestro camino como educadores.

También debo decir que no considero que siempre vaya a ser así. Como digo, soy muy flexible, y trato de adaptarme siempre a los cambios en las circunstancias y pongo mis principios en constante revisión, pero hoy por hoy, el objetivo a largo plazo de la educación de mis hijos es que puedan desenvolverse en la sociedad en la que hemos elegido criarles, así que trataremos de integrarles en esta sociedad... a su ritmo, eso siempre.

Por lo tanto espero que mi hijo en el futuro vaya acercándose a un programa con cierta estructura en algunas áreas, pero por ahora aún es pequeño y para nosotros en esta fase lo más importante es respetar y cuidar su amor por el aprendizaje. Ya llegará el momento de valorar también la constancia y el esfuerzo para obtener metas, creemos que no está preparado para entender eso.

En la próxima entrada hablaré de los temas que proponemos a D.

2 comentarios:

Marvan dijo...

ya te puedes imaginar cómo está el panorama en la enseñanza cuando es una carrera con tan poco prestigio.
Mientras debería ser casi la MAS importante de todos, porque los maestros preparan EL FUTURO. Deberían de ir solamente los mejor preparados, solamente los más vocacionales, solamente los más motivados. Es la única manera de cambiar la tortilla. Sino, siempre seguiremos chapoteando como estamos.

Eva dijo...

Pues sí Marvan, tienes toda la razón, me parece que debería ser quizás la carrera más prestigiosa y valorada, y que las personas que ingresaran en ella deberían ser vocacionales y tener gran preparación, no solo académica, sino también a nivel humana, de autoconocimiento, etc.

Pero creo que aún quedan años para que la sociedad global tenga la preocupación que necesita la educación infantil.