Este año la pequeña Z tiene una edad mucho más díficil para esto del HS. Se acabaron los ratos de tranquilidad leyendo libros mientras la bebé teteaba. Ahora está muy activa, hay que estar mucho por ella. Si tenemos un libro entre manos nos lo intenta quitar, aunque acabe desistiendo si me pongo tozuda, tampoco aguanta que leamos mucho rato sin volver a intentar meterse en medio... normal, la pobre!!!
Pide mucha atención, quiere coger todo lo que tiene su hermano, hacer todo lo que él hace, mirar todo lo que él mira, quiere que yo la siga en sus aventuras, quiere salir a la terraza, jugar con el agua, abrir los cajones y armarios, sacar y meter juguetes, explorar y explorar. Y todo quiere hacerlo acompañada. Intentar hacer algo con concentración mientras ella está alrededor es poco menos que imposible.
Los días se nos van y se nos van... taaaaaaan rápidos. Me faltan horas. Durante unas semanas he tenido una sensación muy desagradable, de haber acabado el día y no haber propuesto nada, incluso peor... de no haber hecho apenas caso a ningún proyecto o pregunta de D.
Pero como todo al final se pone en su sitio, estoy segura de que iremos encontrando la forma de volver a organizar el aprendizaje en familia. La situación ha cambiado, y tratar de perseverar en lo imposible no es inteligente. Nuevas circunstancias requieren nuevas estrategias.
Así que últimamente me encuentro que duermo a la pequeña Z y cuando está dormida voy a acostar a D pero tardamos más de dos horas en el proceso.
Siempre leemos parte de un libro "de historias" (literatura) antes de acostarnos, a veces por temporadas es de aprender cosas de dinosaurios. Pero yo, hace unos días, le propuse leer primero parte de un libro de "cosas de aprender". Claro, la idea le encantó. Tenemos el libro Mi primer Larousse de Ciencias que apenas le había interesado hasta ahora. Creo que está bastante bien. La parte de los animales es un poco floja, él sabe mucho más ya, pero le gustó igualmente. Ahora estamos en las plantas. Iremos avanzando a través el cuerpo humano, y creo que toca algo también de geología y ecología al final del libro.
La verdad es que le gusta muchísimo leerlo, siempre lo pide, aunque ya sea tardísimo.
También un día llevé un cuadernito para intentar hablarle de la diferencia entre AS y SA. Lo entiende pero no lo acaba de asimilar. Está un poco verde todavía para la lectura, yo seguiré poco a poco introduciéndole conceptos sencillos, pero me doy cuenta de que no es su momento aún. Tranquilamente, no tenemos prisa.
El caso es que quiso que hiciéramos juntos unos dibujos y ahora tenemos el cuaderno allí, hacemos unos dibujos, nos reimos un montón dibujando payasadas y luego le ponemos algunos títulos, con lo que vamos practicando un poco la lectura y la escritura.
Además ha trasladado a la cuna de su hermana (cuna sidecar que la nena jamás usa y que está llena de libros, juguetes, cuadernos, pañuelos, botellas de agua y otros trastos) unos libritos y unas fichas de inglés, para que le lea algunas palabras cada noche.
Si le intentara leer algo en inglés por el día me mandaría a la porra directamente, pero a esas horas, y con tal de alargar el momento de irse a dormir que no le gusta nada y por disfrutar de ese momento juntos, hace lo que sea!!!! jajajaja
Para acabar el día contentos y relajados, leemos un libro (o parte de él) que disfrutemos juntos.
No era lo que yo tenía planeado para este curso, en invierno me gusta acostar a los niños pronto y tener un rato en pareja y otro rato para mis cosas. Pero hay que adaptarse, y la verdad es que este rato es muy fructífero y lo disfrutamos mucho.
Aprendemos todos de todos, mayores y pequeños, aprendemos a nuestro ritmo y sin escuela y queremos educarnos en todos los aspectos del Ser (físico, intelectual, emocional y espiritual).
21 oct 2011
11 oct 2011
Currículum y programación
Sé que a la mayoría de mamás homeschoolers que frecuentamos la blogosfera nos gusta saber cómo se organizan los demás para sacar nuestras propias ideas.
Yo voy a intentar explicar hoy un poco cómo es nuestra organización del aprendizaje en familia.
Empezaré con algo de "historia" de nuestro estilo educativo.
Cuando mi hijo era un bebé hice el CAP (Curso de Adaptación Pedagógica) para ser profesora de secundaria. La verdad es que enseñar siempre se me había dado bien y me gustaba, así que, en esos momentos de crisis en que mi vieja profesión ya no me gustaba, creía que por ahí podría ir mi futuro laboral.
El curso fue fantástico, los profesores realmente increíbles, me abrieron la mente a un mundo nuevo, a una educación muy diferente.
Después llegaron las lecturas de los libros sobre educación libre, y por último mi experiencia en un instituto de secundaria.
Todo ello me convenció de que el sistema educativo está desfasado, no funciona, todos los profesores lo saben, pero casi ninguna persona implicada en el sistema educativo hace nada para cambiarlo. La mayoría porque no tienen vocación, para ellos es solamente un trabajo bien pagado con muchas vacaciones. Pero los que sí tienen vocación y querrían cambiar las cosas lo tienen imposible, hay demasiado en su contra...
Decidí que ese no era mi camino. ¿Cambiar las cosas? Sí, por supuesto. Pero no de ese modo. ¿Volver a nadar contracorriente, volver a intentar luchar en solitario ganándome enemigos, sintiéndome aplastada por la rueda del sistema...? no gracias!!!
Sin embargo, poco después comenzó a aparecer en mi vida una nueva vocación, surgió como una necesidad imperiosa de trabajar en mí misma y acompañar a otros en su camino hacia su interior. Así que deseché el camino de la enseñanza. También abandoné mis investigaciones y descubrimientos en este campo. En esos años tenía cosas más urgentes e importantes de las que ocuparme. Primero debía crecer yo, educarme a mí misma en el difícil arte de vivir...
Pasó el tiempo, mi hijo creció. No con pocas dificultades se fue convirtiendo en un niñito que no estaba preparado ni remotamente para ir a la escuela normal. Además la escuela normal no nos gustaba nada. Seguimos en casa... ya veremos qué pasa al año que viene...
Durante los dos años siguientes nos implicamos en la creación de un espacio de educación libre con la intención de que mi hijo se educara en él. Más por mi cabezonería que por otra cosa. El niño ni pedía, ni quería, ni estaba tampoco preparado para ir a ningún tipo de colegio (libre o no). Su padre consideraba que era una pérdida de tiempo, veía casi imposible conseguir sacar adelante un proyecto de semejante envergadura.
De repente, cuando D. tenía 5 años, nos dimos cuenta de que el proyecto no iba a salir adelante, y que debíamos tomar un camino alternativo. Llegamos a la educación en familia (aunque siempre habíamos estado en ella pero sin ser conscientes de ello) cuando el niño tenía más de 5 años y medio, con un poco de inseguridad.
En ese momento empecé a informarme de educar en casa y ¡¡me entró un agobio!! ¡¡AGGGGG cuántos años habíamos perdido!! Los niños educados en casa sabían tantísimas cosas, hacían tantísimas actividades...
Hasta ese momento habíamos seguido practicamente al pie de la letra el unschooling radical, no habíamos hecho nada "por aprender", claro que había habido muchos aprendizajes, pero todos se hacían en el momento en que la ocasión y el interés por su parte aparecía, siguiendo simplemente lo que el niño pedía conocer, sin motivarle ni animarle a nada.
Hasta el momento estábamos contentísimos y sorprendidísimos por observar cómo es cierto lo que dicen los defensores de la educación libre... los niños aprenden sin necesidad de motivaciones externas, realmente disfrutan de aprender, quieren aprender... qué maravilla.
Pero en esos momentos de situarnos como familia que iba a educar en casa, me di cuenta de que mi hijo sabía mucho de algunas cosas (dinosaurios por ejemplo) pero poquísimo de otras. Además también tomé conciencia de la importancia de que el niño cubriera unos mínimos, lo que nos podría evitar males mayores (legales).
No fue solamente un tema de comparación con otros y de miedo a la evaluación ajena, era algo más profundo, algo que me decía que había algún fallo en nuestro sistema educativo, aunque en esos momentos no acertaba a adivinar qué era.
Surgieron en mí muchas dudas e inquietudes. Algo me decía que no debíamos seguir sin ninguna programación ni objetivos ni nada por el estilo. Qué no podíamos levantarnos cada día y ver qué surgía para hacer, y eso todos todos los días, sin ninguna diferencia.
Así que pensé qué hacer. Elegimos un tema que le gustaba mucho (los dinosaurios) y comenzamos a hacer un lapbook. A él le gustó mucho, pero se cansó y no lo acabamos, yo tampoco lo animé mucho, sentía que no era nuestro momento.
Entre los 5,5 y los 6 años, durante esos meses antes del verano (en el verano no hemos hecho nada de nada) me debatí constantemente entre el programar o no programar, viviendo en la duda y cambiando de opinión a cada momento, fuimos haciendo las siguientes actividades iniciadas por mí con el único afán de "enseñarle algo" (seguramente hubo más pero no las recuerdo):
*Terminamos de aprender todas las letras mayúsculas (él había querido aprender algunas anteriormente), también aprendimos el orden del abecedario, comenzamos a aprender algunas minúsculas (pocas, no le interesan) y comenzamos a aprender a unir algunas pocas letras en sílabas (no está muy consolidado todavía)
*Hicimos algunos experimentos que le encantaron.
*Tratamos de comenzar un poco la escritura, que le cuesta muchísimo y no le gusta absolutamente nada.
*Intenté enseñarle alguna palabra en inglés, cosa que fue totalmente estéril.
*Leímos libros de historia, insectos, arácnidos, ballenas, serpientes, felinos, fenómenos atmosféricos, geología y dinosaurios. Todos le encantaron y los disfrutó un montón, porque son temas que le interesan mucho.
*Intenté leerle libros de otro tipo de animales (primates por ejemplo), teatro, rimas y poesías, biografías para niños, arte, música y geografía y nada de eso le interesó lo más mínimo.
Este año, nuestro segundo año de hacer educación en familia, contamos con la experiencia del año pasado aprendiendo de nuestro hijo, con todo lo que he aprendido buceando por la red y leyendo otros blogs, y con más seguridad interna.
Además ahora parto con la ventaja de que ya sé qué le fallaba a nuestro sistema unschooling. En primer lugar está el hecho de que ahora tenemos una bebé en casa que nos impide que siempre podamos dejar lo que estamos haciendo para centrarnos en las cosas que a D. le interesan y lo que le apetece saber en ese momento, los momentos de atención exclusiva y plena hacia él han disminuido considerablemente, y esos momentos hay que aprovecharlos lo mejor que podamos. También he tenido en cuenta que D. va creciendo y él mismo nos hace saber que necesita que le vayamos ampliando sus horizontes. Es imposible que sepa si le interesa un tema o no si nosotros no se lo mostramos, para lo cual tenemos que hacer una programación y un esfuerzo de planificación de los temas a mostrarle.
Así que durante este último mes he estado planeando el curso escolar, teniendo en cuenta todos los factores, también he valorado que ya nos encontramos en edad de educación obligatoria, pero sobre todo es forzoso tener siempre presente que él tiene su peculiar estilo de aprendizaje y que su única motivación para aprender es su propio interés, no vale de nada intentar que aprenda lo que no tiene ganas.
Con todo esto actualmente tengo una planificación consistente en una serie de temas que querría proponerle a mi hijo durante este año.
No tengo objetivos rígidos que él deba alcanzar. Trato de no tenerlos. Claro que me gustaría que hubiera aprendido a leer al final del año, con siete años. Pero sé que debo trabajar mis expectativas y mi frustración, y que no debo empeñarme en mis objetivos (basados más en lo que "yo necesito" para afianzarme, que en lo que él necesita realmente)
Lo que sí tengo es objetivos para mí, que yo debería intentar cumplir, y que consiste en planear actividades para todas las áreas que considero importantes con cierta perioricidad, algunas al menos una vez diaria, unas cuantas al menos una vez semanal, otras al menos una vez mensual, y algunas más al menos una vez trimestral.
Una vez al día (sin ninguna rigidez, por supuesto, entendiendo que muchos días pasaremos), tengo que intentar una actividad muy breve (minutos) que implique usar:
Lectura o aprendizaje de letras.
Operaciones sencillas mentales o resolución de problemas orales.
Al menos una vez semanal tengo que proponerle actividades cortas de 30 minutos o menos sobre:
Matemáticas o lógica.
Escritura o lengua.
Un experimento (actividad de duración indefinida).
Una manualidad (actividad de duración indefinida).
Inglés.
Cocina (actividad de duración indefinida).
Las mensuales serían:
Historia
Geografía
Biología
Música.
Las trimestrales serían:
Un proyecto corto de ciencias.
Arte.
Otros idiomas.
Esta programación hay que entenderla bajo las siguientes premisas:
- Son actividades que yo intentaré preparar para proponerle, lo cual no significa que haya que hacerlas forzosamente. Seguiremos los principios del aprendizaje libre (no hay objetivos que alcanzar ni actividades que realizar de forma obligatoria).
- Además de estas actividades se pueden (y seguro que así será) producir muchísimos otros momentos de aprendizaje que surjan iniciados por su interés y porque aparezca el momento oportuno. Tal y como hemos ido aprendiendo hasta el momento actual, sin ningún tipo de programación.
Yo voy a intentar explicar hoy un poco cómo es nuestra organización del aprendizaje en familia.
Empezaré con algo de "historia" de nuestro estilo educativo.
Cuando mi hijo era un bebé hice el CAP (Curso de Adaptación Pedagógica) para ser profesora de secundaria. La verdad es que enseñar siempre se me había dado bien y me gustaba, así que, en esos momentos de crisis en que mi vieja profesión ya no me gustaba, creía que por ahí podría ir mi futuro laboral.
El curso fue fantástico, los profesores realmente increíbles, me abrieron la mente a un mundo nuevo, a una educación muy diferente.
Después llegaron las lecturas de los libros sobre educación libre, y por último mi experiencia en un instituto de secundaria.
Todo ello me convenció de que el sistema educativo está desfasado, no funciona, todos los profesores lo saben, pero casi ninguna persona implicada en el sistema educativo hace nada para cambiarlo. La mayoría porque no tienen vocación, para ellos es solamente un trabajo bien pagado con muchas vacaciones. Pero los que sí tienen vocación y querrían cambiar las cosas lo tienen imposible, hay demasiado en su contra...
Decidí que ese no era mi camino. ¿Cambiar las cosas? Sí, por supuesto. Pero no de ese modo. ¿Volver a nadar contracorriente, volver a intentar luchar en solitario ganándome enemigos, sintiéndome aplastada por la rueda del sistema...? no gracias!!!
Sin embargo, poco después comenzó a aparecer en mi vida una nueva vocación, surgió como una necesidad imperiosa de trabajar en mí misma y acompañar a otros en su camino hacia su interior. Así que deseché el camino de la enseñanza. También abandoné mis investigaciones y descubrimientos en este campo. En esos años tenía cosas más urgentes e importantes de las que ocuparme. Primero debía crecer yo, educarme a mí misma en el difícil arte de vivir...
Pasó el tiempo, mi hijo creció. No con pocas dificultades se fue convirtiendo en un niñito que no estaba preparado ni remotamente para ir a la escuela normal. Además la escuela normal no nos gustaba nada. Seguimos en casa... ya veremos qué pasa al año que viene...
Durante los dos años siguientes nos implicamos en la creación de un espacio de educación libre con la intención de que mi hijo se educara en él. Más por mi cabezonería que por otra cosa. El niño ni pedía, ni quería, ni estaba tampoco preparado para ir a ningún tipo de colegio (libre o no). Su padre consideraba que era una pérdida de tiempo, veía casi imposible conseguir sacar adelante un proyecto de semejante envergadura.
De repente, cuando D. tenía 5 años, nos dimos cuenta de que el proyecto no iba a salir adelante, y que debíamos tomar un camino alternativo. Llegamos a la educación en familia (aunque siempre habíamos estado en ella pero sin ser conscientes de ello) cuando el niño tenía más de 5 años y medio, con un poco de inseguridad.
En ese momento empecé a informarme de educar en casa y ¡¡me entró un agobio!! ¡¡AGGGGG cuántos años habíamos perdido!! Los niños educados en casa sabían tantísimas cosas, hacían tantísimas actividades...
Hasta ese momento habíamos seguido practicamente al pie de la letra el unschooling radical, no habíamos hecho nada "por aprender", claro que había habido muchos aprendizajes, pero todos se hacían en el momento en que la ocasión y el interés por su parte aparecía, siguiendo simplemente lo que el niño pedía conocer, sin motivarle ni animarle a nada.
Hasta el momento estábamos contentísimos y sorprendidísimos por observar cómo es cierto lo que dicen los defensores de la educación libre... los niños aprenden sin necesidad de motivaciones externas, realmente disfrutan de aprender, quieren aprender... qué maravilla.
Pero en esos momentos de situarnos como familia que iba a educar en casa, me di cuenta de que mi hijo sabía mucho de algunas cosas (dinosaurios por ejemplo) pero poquísimo de otras. Además también tomé conciencia de la importancia de que el niño cubriera unos mínimos, lo que nos podría evitar males mayores (legales).
No fue solamente un tema de comparación con otros y de miedo a la evaluación ajena, era algo más profundo, algo que me decía que había algún fallo en nuestro sistema educativo, aunque en esos momentos no acertaba a adivinar qué era.
Surgieron en mí muchas dudas e inquietudes. Algo me decía que no debíamos seguir sin ninguna programación ni objetivos ni nada por el estilo. Qué no podíamos levantarnos cada día y ver qué surgía para hacer, y eso todos todos los días, sin ninguna diferencia.
Así que pensé qué hacer. Elegimos un tema que le gustaba mucho (los dinosaurios) y comenzamos a hacer un lapbook. A él le gustó mucho, pero se cansó y no lo acabamos, yo tampoco lo animé mucho, sentía que no era nuestro momento.
Entre los 5,5 y los 6 años, durante esos meses antes del verano (en el verano no hemos hecho nada de nada) me debatí constantemente entre el programar o no programar, viviendo en la duda y cambiando de opinión a cada momento, fuimos haciendo las siguientes actividades iniciadas por mí con el único afán de "enseñarle algo" (seguramente hubo más pero no las recuerdo):
*Terminamos de aprender todas las letras mayúsculas (él había querido aprender algunas anteriormente), también aprendimos el orden del abecedario, comenzamos a aprender algunas minúsculas (pocas, no le interesan) y comenzamos a aprender a unir algunas pocas letras en sílabas (no está muy consolidado todavía)
*Hicimos algunos experimentos que le encantaron.
*Tratamos de comenzar un poco la escritura, que le cuesta muchísimo y no le gusta absolutamente nada.
*Intenté enseñarle alguna palabra en inglés, cosa que fue totalmente estéril.
*Leímos libros de historia, insectos, arácnidos, ballenas, serpientes, felinos, fenómenos atmosféricos, geología y dinosaurios. Todos le encantaron y los disfrutó un montón, porque son temas que le interesan mucho.
*Intenté leerle libros de otro tipo de animales (primates por ejemplo), teatro, rimas y poesías, biografías para niños, arte, música y geografía y nada de eso le interesó lo más mínimo.
Este año, nuestro segundo año de hacer educación en familia, contamos con la experiencia del año pasado aprendiendo de nuestro hijo, con todo lo que he aprendido buceando por la red y leyendo otros blogs, y con más seguridad interna.
Además ahora parto con la ventaja de que ya sé qué le fallaba a nuestro sistema unschooling. En primer lugar está el hecho de que ahora tenemos una bebé en casa que nos impide que siempre podamos dejar lo que estamos haciendo para centrarnos en las cosas que a D. le interesan y lo que le apetece saber en ese momento, los momentos de atención exclusiva y plena hacia él han disminuido considerablemente, y esos momentos hay que aprovecharlos lo mejor que podamos. También he tenido en cuenta que D. va creciendo y él mismo nos hace saber que necesita que le vayamos ampliando sus horizontes. Es imposible que sepa si le interesa un tema o no si nosotros no se lo mostramos, para lo cual tenemos que hacer una programación y un esfuerzo de planificación de los temas a mostrarle.
Así que durante este último mes he estado planeando el curso escolar, teniendo en cuenta todos los factores, también he valorado que ya nos encontramos en edad de educación obligatoria, pero sobre todo es forzoso tener siempre presente que él tiene su peculiar estilo de aprendizaje y que su única motivación para aprender es su propio interés, no vale de nada intentar que aprenda lo que no tiene ganas.
Con todo esto actualmente tengo una planificación consistente en una serie de temas que querría proponerle a mi hijo durante este año.
No tengo objetivos rígidos que él deba alcanzar. Trato de no tenerlos. Claro que me gustaría que hubiera aprendido a leer al final del año, con siete años. Pero sé que debo trabajar mis expectativas y mi frustración, y que no debo empeñarme en mis objetivos (basados más en lo que "yo necesito" para afianzarme, que en lo que él necesita realmente)
Lo que sí tengo es objetivos para mí, que yo debería intentar cumplir, y que consiste en planear actividades para todas las áreas que considero importantes con cierta perioricidad, algunas al menos una vez diaria, unas cuantas al menos una vez semanal, otras al menos una vez mensual, y algunas más al menos una vez trimestral.
Una vez al día (sin ninguna rigidez, por supuesto, entendiendo que muchos días pasaremos), tengo que intentar una actividad muy breve (minutos) que implique usar:
Lectura o aprendizaje de letras.
Operaciones sencillas mentales o resolución de problemas orales.
Al menos una vez semanal tengo que proponerle actividades cortas de 30 minutos o menos sobre:
Matemáticas o lógica.
Escritura o lengua.
Un experimento (actividad de duración indefinida).
Una manualidad (actividad de duración indefinida).
Inglés.
Cocina (actividad de duración indefinida).
Las mensuales serían:
Historia
Geografía
Biología
Música.
Las trimestrales serían:
Un proyecto corto de ciencias.
Arte.
Otros idiomas.
Esta programación hay que entenderla bajo las siguientes premisas:
- Son actividades que yo intentaré preparar para proponerle, lo cual no significa que haya que hacerlas forzosamente. Seguiremos los principios del aprendizaje libre (no hay objetivos que alcanzar ni actividades que realizar de forma obligatoria).
- Además de estas actividades se pueden (y seguro que así será) producir muchísimos otros momentos de aprendizaje que surjan iniciados por su interés y porque aparezca el momento oportuno. Tal y como hemos ido aprendiendo hasta el momento actual, sin ningún tipo de programación.
6 oct 2011
Razones para no escolarizar
Siguiendo con mi objetivo de ir reflexionando y escribiendo acerca de cual es mi forma de abordar la educación, hoy quiero ir anotando claramente las diferentes razones que me llevan a querer educar en familia y prescindir del colegio.
Actualmente, y dado que Z. es muy pequeña todavía, sobre todo me centraré en D. porque es por él por quien inicié este camino. Y de momento ni siquiera puedo saber si Z. irá al colegio o no lo hará. Considero poco probable que mi hija menor acuda al colegio, pero en cualquier caso, esto será algo que, como hemos hecho con D. valoraremos sus padres según lo que creamos que es mejor para ella en concreto, teniendo también muy en cuenta la opinión de la niña acerca de lo que ella desee, cuando esté preparada para expresar esa opinión.
Tengo una serie de razones de naturaleza muy diferente para prescindir de los colegios en la educación de D. Las principales razones son las siguientes:
1ª Mi experiencia personal en el colegio, si bien no fue nada mala (fui estudiante brillante, me encantaba aprender y además, a partir de cierta edad, fui bastante feliz en el colegio) sí que me posibilitó observar bien de cerca los peligros de este tipo de educación estandarizada. Durante todos mis años de escolaridad, y también por observarlo muy detenidamente en personas muy cercanas a mí, pude darme cuenta de qué modo hay un porcentaje de niños que no tienen cabida en el colegio, y que SIN QUE EL PROBLEMA PROVENGA DE SU FAMILIA DE ORIGEN son niños, que por algunas razones, se alejan de la normalidad imperante y necesaria para pasar por el colegio sin ser dañados por el sistema.
Hoy en día se habla de profesores de apoyo que intentan paliar estos problemas, pero la realidad sigue siendo la misma, niños estigmatizados y marcados desde pequeños con etiquetas de "conflictivo" "rebelde" "inatento" "poco capaz" "torpe" "lento" "inquieto" "raro" "difícil" o que se les cuelga cualquier cartel con un desorden que les sirve para poco más que llenarles la agenda de más y más clases de apoyo (logopeda, psicólogo, orientador escolar,...) en detrimento de su autoestima y de su tiempo de libertad y creación espontánea.
Niños que en lugar de ser aceptados como son se pasarán la vida luchando más que los demás para nunca llegar a ser como los otros, no porque sean "menos" sino porque son "diferentes", pero eso jamás lo sabrán, porque sus diferencias positivas serán constantemente ignoradas por un sistema que solo evalúa ciertos aspectos concretísimos de la personalidad.
Es decir, que mi primera razón para no escolarizar es porque sé que hay niños que en este sistema solo pueden fracasar, que desde el primer día ya se sabe, pero no se ofrecen alternativas reales para ellos, se les considera un "mal menor", un subproducto de una maquinaria que funciona a la perfección con el resto de la sociedad, por lo que no hay que preocuparse mucho de esos que no saben adaptarse a lo que funciona a los demás, un sistema que piensa que el fracaso será culpa de los fracasados (de su vagancia, de su poco empeño) o de su familia. Un sistema que se las tiene de integrador y que es muy excluyente con ciertas minorías.
2ª Mi segunda razón es de índole pedagógico.
Aún aceptando que a la mayoría de los niños el colegio no les causa ese daño, e incluso les funciona bien para aprender, aún así considero que hay demasiados casos en los que el sistema escolar asesina el gusto y la necesidad innata de todo ser humano de querer aprender.
Es más, se diría que es sorprendente que haya casos en los que el gusto por el aprendizaje sobrevive a semejante tortura. La búsqueda de resultados sustituye al placer de saber algo nuevo como objetivo educativo. El mensaje que la escuela envía a los niños es el siguiente:
Aprender es aburrido, es un trabajo para ti, un trabajo duro que es tu responsabilidad y que hay que hacer aunque no te guste, que ya sabemos que no te va a gustar y que te va a aburrir, pero debes hacerlo para obtener recompensas a corto y largo plazo. Estudia y saca buenas notas y obtendrás reconocimiento y aplausos ajenos, regalos, un trabajo bien remunerado, poder, riqueza, oportunidades, etc.
No se aprende para aprender simplemente, siempre es con una finalidad, porque ya se sabe que aprender es aburridísimo y una pesada obligación para los niños.
Este no es el mensaje que quiero que reciban mis hijos hasta detestar todo lo que huela a aprender.
3ª Mi tercera razón es de carácter práctico
No existen en mi región colegios de pedagogía adaptada a lo que yo considero que sería positivo para mi hijo. Tras intentar colaborar en la creación de uno de ellos me di cuenta de que la administración se empeña en ponerlo bien difícil para que solamente personas muy ricas o entidades con ánimo de lucro puedan crear centros educativos. Se hace de la educación un negocio amparado por el Estado.
4ª Una cuarta razón es ideológica. No confío en la buena fé ni del Estado ni de las autoridades educativas. Comprendo que ni ellos mismos pueden admitir la finalidad última que pretenden con la escolarización obligatoria, y entiendo que creen estar haciendo un bien social (lo que en muchos casos también es cierto, aunque no creo que sea la razón principal para que la educación sea obligatoria, creo que es una consecuencia, algunos niños se benefician de este hecho por casualidad). Creo que el Estado y los ciudadanos usan el colegio como centro de uniformidad y adoctrinamiento en los principios que les interese en el momento determinado al global de la sociedad.
En este momento actual el interés está puesto en el consumismo, ya que el crecimiento económico de los países occidentales está sustentado en un crecimiento constante del consumo por parte de sus ciudadanos.
Como ideológicamente me parece una idea aberrante que algún día la sociedad tendrá que asumir que tiene un techo que pronto llegará a su fin, no deseo que a mi hijo le sea inculcada esta filosofía de vida, dañina para todos, irrealista y que fracasará más pronto que tarde.
5ª Y sobre todo, la quinta razón, pero la más importantísima de todas, mucho más allá que mis reflexiones ideológicas, pedagógicas, derivadas de mi experiencia personal o por incapacidad de tener la escuela que aceptaría para mi hijo, la principal razón para no escolarizar es MI HIJO.
Se trata de conocer a tu hijo y saber lo que necesita y lo que no necesita, lo que le va a ayudar a convertirse en la persona que debe ser y lo que le va a alejar de quien debe ser y de quien ya es. Saber lo que le va a dañar, lo que le va a favorecer, lo que hará feliz, lo que le hará ser un desgraciado,...
Esta es la única razón para mi marido y la principal para mí. Ambos conocemos al niño mejor que nadie, y sabemos lo que es bueno para él y lo que no lo es. Yo no pretendo ser tan prepotente como para dictar a los demás padres lo que es bueno para sus hijos. Parece que la sociedad sí es tan prepotente que cree saber mejor que yo lo que necesita mi hijo, lo que necesitan todos los niños. Pero en realidad a la sociedad le importan bien poco los niños y lo que ellos necesitan, desgraciadamente a la sociedad, un ente con vida propia que debería existir para servir a los ciudadanos y hacerlos más felices, a la sociedad solamente le importa ella misma y necesita estandarizar a sus ciudadanos y doblegarlos para que todos hagan lo que ella necesita para seguir siendo tal y como es y resistirse al cambio.
El miedo al cambio que existe en la conciencia general se extiende al miedo a lo diferente porque podría provocar el cambio tan temido. Esa es la realidad, lo demás (socialización, obligatoriedad legal, protección de los menores en situaciones de desamparo, bla bla bla) solamente son excusas para limpiar sus conciencias.
Actualmente, y dado que Z. es muy pequeña todavía, sobre todo me centraré en D. porque es por él por quien inicié este camino. Y de momento ni siquiera puedo saber si Z. irá al colegio o no lo hará. Considero poco probable que mi hija menor acuda al colegio, pero en cualquier caso, esto será algo que, como hemos hecho con D. valoraremos sus padres según lo que creamos que es mejor para ella en concreto, teniendo también muy en cuenta la opinión de la niña acerca de lo que ella desee, cuando esté preparada para expresar esa opinión.
Tengo una serie de razones de naturaleza muy diferente para prescindir de los colegios en la educación de D. Las principales razones son las siguientes:
1ª Mi experiencia personal en el colegio, si bien no fue nada mala (fui estudiante brillante, me encantaba aprender y además, a partir de cierta edad, fui bastante feliz en el colegio) sí que me posibilitó observar bien de cerca los peligros de este tipo de educación estandarizada. Durante todos mis años de escolaridad, y también por observarlo muy detenidamente en personas muy cercanas a mí, pude darme cuenta de qué modo hay un porcentaje de niños que no tienen cabida en el colegio, y que SIN QUE EL PROBLEMA PROVENGA DE SU FAMILIA DE ORIGEN son niños, que por algunas razones, se alejan de la normalidad imperante y necesaria para pasar por el colegio sin ser dañados por el sistema.
Hoy en día se habla de profesores de apoyo que intentan paliar estos problemas, pero la realidad sigue siendo la misma, niños estigmatizados y marcados desde pequeños con etiquetas de "conflictivo" "rebelde" "inatento" "poco capaz" "torpe" "lento" "inquieto" "raro" "difícil" o que se les cuelga cualquier cartel con un desorden que les sirve para poco más que llenarles la agenda de más y más clases de apoyo (logopeda, psicólogo, orientador escolar,...) en detrimento de su autoestima y de su tiempo de libertad y creación espontánea.
Niños que en lugar de ser aceptados como son se pasarán la vida luchando más que los demás para nunca llegar a ser como los otros, no porque sean "menos" sino porque son "diferentes", pero eso jamás lo sabrán, porque sus diferencias positivas serán constantemente ignoradas por un sistema que solo evalúa ciertos aspectos concretísimos de la personalidad.
Es decir, que mi primera razón para no escolarizar es porque sé que hay niños que en este sistema solo pueden fracasar, que desde el primer día ya se sabe, pero no se ofrecen alternativas reales para ellos, se les considera un "mal menor", un subproducto de una maquinaria que funciona a la perfección con el resto de la sociedad, por lo que no hay que preocuparse mucho de esos que no saben adaptarse a lo que funciona a los demás, un sistema que piensa que el fracaso será culpa de los fracasados (de su vagancia, de su poco empeño) o de su familia. Un sistema que se las tiene de integrador y que es muy excluyente con ciertas minorías.
2ª Mi segunda razón es de índole pedagógico.
Aún aceptando que a la mayoría de los niños el colegio no les causa ese daño, e incluso les funciona bien para aprender, aún así considero que hay demasiados casos en los que el sistema escolar asesina el gusto y la necesidad innata de todo ser humano de querer aprender.
Es más, se diría que es sorprendente que haya casos en los que el gusto por el aprendizaje sobrevive a semejante tortura. La búsqueda de resultados sustituye al placer de saber algo nuevo como objetivo educativo. El mensaje que la escuela envía a los niños es el siguiente:
Aprender es aburrido, es un trabajo para ti, un trabajo duro que es tu responsabilidad y que hay que hacer aunque no te guste, que ya sabemos que no te va a gustar y que te va a aburrir, pero debes hacerlo para obtener recompensas a corto y largo plazo. Estudia y saca buenas notas y obtendrás reconocimiento y aplausos ajenos, regalos, un trabajo bien remunerado, poder, riqueza, oportunidades, etc.
No se aprende para aprender simplemente, siempre es con una finalidad, porque ya se sabe que aprender es aburridísimo y una pesada obligación para los niños.
Este no es el mensaje que quiero que reciban mis hijos hasta detestar todo lo que huela a aprender.
3ª Mi tercera razón es de carácter práctico
No existen en mi región colegios de pedagogía adaptada a lo que yo considero que sería positivo para mi hijo. Tras intentar colaborar en la creación de uno de ellos me di cuenta de que la administración se empeña en ponerlo bien difícil para que solamente personas muy ricas o entidades con ánimo de lucro puedan crear centros educativos. Se hace de la educación un negocio amparado por el Estado.
4ª Una cuarta razón es ideológica. No confío en la buena fé ni del Estado ni de las autoridades educativas. Comprendo que ni ellos mismos pueden admitir la finalidad última que pretenden con la escolarización obligatoria, y entiendo que creen estar haciendo un bien social (lo que en muchos casos también es cierto, aunque no creo que sea la razón principal para que la educación sea obligatoria, creo que es una consecuencia, algunos niños se benefician de este hecho por casualidad). Creo que el Estado y los ciudadanos usan el colegio como centro de uniformidad y adoctrinamiento en los principios que les interese en el momento determinado al global de la sociedad.
En este momento actual el interés está puesto en el consumismo, ya que el crecimiento económico de los países occidentales está sustentado en un crecimiento constante del consumo por parte de sus ciudadanos.
Como ideológicamente me parece una idea aberrante que algún día la sociedad tendrá que asumir que tiene un techo que pronto llegará a su fin, no deseo que a mi hijo le sea inculcada esta filosofía de vida, dañina para todos, irrealista y que fracasará más pronto que tarde.
5ª Y sobre todo, la quinta razón, pero la más importantísima de todas, mucho más allá que mis reflexiones ideológicas, pedagógicas, derivadas de mi experiencia personal o por incapacidad de tener la escuela que aceptaría para mi hijo, la principal razón para no escolarizar es MI HIJO.
Se trata de conocer a tu hijo y saber lo que necesita y lo que no necesita, lo que le va a ayudar a convertirse en la persona que debe ser y lo que le va a alejar de quien debe ser y de quien ya es. Saber lo que le va a dañar, lo que le va a favorecer, lo que hará feliz, lo que le hará ser un desgraciado,...
Esta es la única razón para mi marido y la principal para mí. Ambos conocemos al niño mejor que nadie, y sabemos lo que es bueno para él y lo que no lo es. Yo no pretendo ser tan prepotente como para dictar a los demás padres lo que es bueno para sus hijos. Parece que la sociedad sí es tan prepotente que cree saber mejor que yo lo que necesita mi hijo, lo que necesitan todos los niños. Pero en realidad a la sociedad le importan bien poco los niños y lo que ellos necesitan, desgraciadamente a la sociedad, un ente con vida propia que debería existir para servir a los ciudadanos y hacerlos más felices, a la sociedad solamente le importa ella misma y necesita estandarizar a sus ciudadanos y doblegarlos para que todos hagan lo que ella necesita para seguir siendo tal y como es y resistirse al cambio.
El miedo al cambio que existe en la conciencia general se extiende al miedo a lo diferente porque podría provocar el cambio tan temido. Esa es la realidad, lo demás (socialización, obligatoriedad legal, protección de los menores en situaciones de desamparo, bla bla bla) solamente son excusas para limpiar sus conciencias.
29 sept 2011
Encuentro de ALE Gandía septiembre 2011
Primero quiero disculparme por la tardanza en escribir sobre el encuento. Pero es que hasta ahora no he podido tener tiempo de comentar mis impresiones.
Estuvimos en Gandía los cuatro días. Hicimos mil y pico kilómetros para acudir, lo que no fue nada fácil con una bebé que cumplió un año en medio del encuentro. A mi marido y a mi hijo mayor no les entusiasmaba demasiado la idea, y yo esperaba que mereciera la pena el esfuerzo que había hecho hacer a todos por mi empeño de acudir.
He de decir que desde el principio todo comenzó a ir bastante bien. Los chicos se divirtieron mucho. Mi marido, como se siente muy a gusto con los niños (sobre todo si son niños ya un poco mayorcitos) se mimetizó entre ellos y fue uno más de la pandilla jajaja. Mi hijo vivió feliz a lo salvaje, apenas lo veía un poco en las comidas...
Yo, con una bebé en pleno apogeo de gateo e intentando ya caminar de forma insistente, intenté asistir a algunos talleres y algunas charlas, al final fui a muchos menos de los que me interesaban, y además a los pocos que asistí lo hice a medias, y creo que el único en el que me pude quedar hasta el final fue el que dio Sibila. Muy muy interesante, por cierto.
De todos modos ya iba sospechando que me sería imposible sacarle algo de provecho al magnífico y amplio programa que había preparado la organización. No pasa nada... otra vez será!!!
El encuentro me gustó mucho. Me sentí BIEN. Allí todo el mundo educaba en casa, como yo!!!! nadie me iba a juzgar por ello, nadie me iba a cuestionar, allí todos respetaban y comprendían mis razones para tomar una decisión tan rara, tan sumamente inusual, tan extravagante.
Me gustó hablar con otras familias, compartir pensamientos y reflexiones, conocer personas maravillosas como Carmen (Ipe), Bárbara, Ana, Carmen, Leticia, algunas con las que hablé mucho y ni siquiera recuerdo su nombre... ay qué despiste de persona!!!
Me encantó reencontrarme con amigos que hace más o menos tiempo que no veía, como Ana y Pedro y sus guapísimos peques, como Carmen y su maravillosa familia, o con Judith y su hijo tan mayor.
El lugar era ideal, me pareció precioso. El entorno, la piscina, el clima... La relación entre el precio y la calidad de las comidas y el estado de las instalaciones fue inmejorable.
Disfruté mucho y superó mis expectativas, aunque no pude aprovecharlo todo lo que hubiera querido porque estuve bastante escasa de energías. La preparación del viaje, que tuve que realizar en unas circunstancias un poco complicadas, y luego los mil kilómetros intentando lidiar con mi pequeño terremoto, me habían dejado exhausta.
El único punto negativo fue que dos horas antes de marcharnos nos avisaron de que nos habían roto el cristal trasero del vehículo.
Estuvimos en Gandía los cuatro días. Hicimos mil y pico kilómetros para acudir, lo que no fue nada fácil con una bebé que cumplió un año en medio del encuentro. A mi marido y a mi hijo mayor no les entusiasmaba demasiado la idea, y yo esperaba que mereciera la pena el esfuerzo que había hecho hacer a todos por mi empeño de acudir.
He de decir que desde el principio todo comenzó a ir bastante bien. Los chicos se divirtieron mucho. Mi marido, como se siente muy a gusto con los niños (sobre todo si son niños ya un poco mayorcitos) se mimetizó entre ellos y fue uno más de la pandilla jajaja. Mi hijo vivió feliz a lo salvaje, apenas lo veía un poco en las comidas...
Yo, con una bebé en pleno apogeo de gateo e intentando ya caminar de forma insistente, intenté asistir a algunos talleres y algunas charlas, al final fui a muchos menos de los que me interesaban, y además a los pocos que asistí lo hice a medias, y creo que el único en el que me pude quedar hasta el final fue el que dio Sibila. Muy muy interesante, por cierto.
De todos modos ya iba sospechando que me sería imposible sacarle algo de provecho al magnífico y amplio programa que había preparado la organización. No pasa nada... otra vez será!!!
El encuentro me gustó mucho. Me sentí BIEN. Allí todo el mundo educaba en casa, como yo!!!! nadie me iba a juzgar por ello, nadie me iba a cuestionar, allí todos respetaban y comprendían mis razones para tomar una decisión tan rara, tan sumamente inusual, tan extravagante.
Me gustó hablar con otras familias, compartir pensamientos y reflexiones, conocer personas maravillosas como Carmen (Ipe), Bárbara, Ana, Carmen, Leticia, algunas con las que hablé mucho y ni siquiera recuerdo su nombre... ay qué despiste de persona!!!
Me encantó reencontrarme con amigos que hace más o menos tiempo que no veía, como Ana y Pedro y sus guapísimos peques, como Carmen y su maravillosa familia, o con Judith y su hijo tan mayor.
El lugar era ideal, me pareció precioso. El entorno, la piscina, el clima... La relación entre el precio y la calidad de las comidas y el estado de las instalaciones fue inmejorable.
Disfruté mucho y superó mis expectativas, aunque no pude aprovecharlo todo lo que hubiera querido porque estuve bastante escasa de energías. La preparación del viaje, que tuve que realizar en unas circunstancias un poco complicadas, y luego los mil kilómetros intentando lidiar con mi pequeño terremoto, me habían dejado exhausta.
El único punto negativo fue que dos horas antes de marcharnos nos avisaron de que nos habían roto el cristal trasero del vehículo.
No pasó nada malo. El seguro se hizo cargo, y además tuvimos la inestimable ayuda del marido de una amiga que nos facilitó el limpiar todas las maletas de cristales y nos ayudó a cerrar la parte trasera del coche para que pudiéramos circular.
El problema fue el agobio que me entró justo al momento de irnos el tratar de organizar qué hacer con todas las maletas, decidir cómo proseguir el viaje (con el coche roto o pedir un vehículo de sustitución), averiguar a dónde llevar el coche a reparar en una ciudad que no conocíamos, etc. Pero al final todo se arregló sin problemas. A veces nos ahogamos en un vaso de agua...
Desde aquí quiero agradecer a ALE, a Daragh y a todas las personas encargadas de la organización del evento todo su esfuerzo y deseo reconocerles su magnífico trabajo.
28 sept 2011
Objetivos de la educación de mis hijos
Últimamente he estado leyendo bastante acerca de la necesidad de tener una serie de cosas bien claras.
Además este año D. entra en periodo de educación obligatoria, lo cual nos indica que en cualquier momento podríamos vernos requeridos por la administración para dar explicaciones sobre nuestra opción educativa. Por lo cual creo que durante algunos meses voy a trabajar intensamente en hacer un trabajo de recopilación y exposición de ideas fundamentales para tener mayor seguridad interna, tanto a la hora de afrontar nuestro día a día como para un posible requerimiento oficial.
En este caso voy a abordar los objetivos a largo plazo que pretendo lograr en la educación de mis hijos. Por supuesto, serán objetivos ambiciosos, y procuraré no obsesionarme con lograrlos todos al pie de la letra, ni mucho menos que se consigan a una edad determinada, pero también creo que tengo claro que son objetivos generales y lo bastante importantes como para que no vayan a ir variando o fluctuando de forma sustancial.
Los objetivos que por ahora considero que mis hijos deberían alcanzar son los siguientes:
Espero que mis hijos sean personas que sepan convivir con los demás y disfrutar de las oportunidades que brinda la vida en sociedad.
También espero que mis hijos sean personas que sepan estar en silencio y en soledad sin angustiarse. Que puedan aburrirse y no tengan que hacer de su vida una carrera o una huída hacia adelante.
Espero que mis hijos puedan aceptarse tal y como son, lo que no significa renunciar a cambiar lo que en cada momento les haga infelices de su forma de actuar o reaccionar, sino que sepan hacerlo desde el amor incondicional a sí mismos.
Espero que mis hijos sepan afrontar las dificultades y las crisis como oportunidades para aprender.
Espero que mis hijos puedan desenvolverse con soltura en la sociedad que les toque o que elijan vivir, lo que implica tener capacidad para manejar aparatos electrónicos, hacer uso útil y consciente de las tecnologías de la información, aprender sobre sus derechos y deberes como ciudadano, saber interpretar todo tipo de documento oficial, conocer la actualidad socio-político-económica de la sociedad en la que vivan, etc.
Aunque también deseo que tengan acercamientos a otro tipo de sociedad que podría tocarles o podrían elegir vivir, para lo cual deben tener conocimientos sobre agricultura, ganadería, bricolaje, albañilería, reutilización de materiales, uso de energías alternativas, etc.
Espero que mis hijos sientan gran respeto hacia los demás seres vivos y a la naturaleza. Espero que aprendan a respetar las diferencias de todo tipo, pero sobre todo de opinión y creencias ajenas.
Espero que mis hijos sientan gran respeto por sí mismos y aprendan a exigir ese respeto cuando se haga necesario ante los demás.
Espero que mis hijos se conozcan lo suficiente como para elegir de forma libre y consciente una ocupación en la que puedan disfrutar y con la que se sientan plenos y realizados.
Espero que, si eso es lo que necesitan ellos, sean lo suficientemente flexibles y valientes como para poder explorar diferentes ocupaciones siguiendo los ciclos de vida que les toque vivir, y no se queden apegados a algo que ya acabó por miedo al cambio.
Espero también que puedan aceptar de buen grado la posibilidad de dedicarse durante el tiempo necesario a otros trabajos que no les motiven si les resulta necesario para cumplir con sus responsabilidades o sobrevivir.
Desearía que mis hijos se vincularan a otras personas no por "necesidad" o por "miedo a la soledad" sino más bien por gusto de estar con el otro y querer compartir.
Querría poder ayudar a mis hijos para que encuentren la manera de poder expresar sus emociones y gestionar los conflictos sin crearse problemas ni dañar a otros, pero también sin dañarse a sí mismos ni reprimir lo que sienten.
Espero que sean personas honradas y aseadas y que vivan en un hogar digno, en condiciones aceptables de orden y limpieza.
También espero de ellos que sepan alimentarse de forma adecuada y cocinar lo preciso.
Un objetivo fundamental de la educación que deseo transmitirles es el riesgo y el gran poder de las adicciones, tanto las físicas (drogas, alcohol,...) como las mentales (ludopatías, televisión, redes sociales...)
Y como no he reflexionado todavía largo y tendido sobre el tema, dejo esta entrada abierta para poder ir haciendo las modificaciones precisas que considere oportunas.
Además este año D. entra en periodo de educación obligatoria, lo cual nos indica que en cualquier momento podríamos vernos requeridos por la administración para dar explicaciones sobre nuestra opción educativa. Por lo cual creo que durante algunos meses voy a trabajar intensamente en hacer un trabajo de recopilación y exposición de ideas fundamentales para tener mayor seguridad interna, tanto a la hora de afrontar nuestro día a día como para un posible requerimiento oficial.
En este caso voy a abordar los objetivos a largo plazo que pretendo lograr en la educación de mis hijos. Por supuesto, serán objetivos ambiciosos, y procuraré no obsesionarme con lograrlos todos al pie de la letra, ni mucho menos que se consigan a una edad determinada, pero también creo que tengo claro que son objetivos generales y lo bastante importantes como para que no vayan a ir variando o fluctuando de forma sustancial.
Los objetivos que por ahora considero que mis hijos deberían alcanzar son los siguientes:
Espero que mis hijos sean personas que sepan convivir con los demás y disfrutar de las oportunidades que brinda la vida en sociedad.
También espero que mis hijos sean personas que sepan estar en silencio y en soledad sin angustiarse. Que puedan aburrirse y no tengan que hacer de su vida una carrera o una huída hacia adelante.
Espero que mis hijos puedan aceptarse tal y como son, lo que no significa renunciar a cambiar lo que en cada momento les haga infelices de su forma de actuar o reaccionar, sino que sepan hacerlo desde el amor incondicional a sí mismos.
Espero que mis hijos sepan afrontar las dificultades y las crisis como oportunidades para aprender.
Espero que mis hijos puedan desenvolverse con soltura en la sociedad que les toque o que elijan vivir, lo que implica tener capacidad para manejar aparatos electrónicos, hacer uso útil y consciente de las tecnologías de la información, aprender sobre sus derechos y deberes como ciudadano, saber interpretar todo tipo de documento oficial, conocer la actualidad socio-político-económica de la sociedad en la que vivan, etc.
Aunque también deseo que tengan acercamientos a otro tipo de sociedad que podría tocarles o podrían elegir vivir, para lo cual deben tener conocimientos sobre agricultura, ganadería, bricolaje, albañilería, reutilización de materiales, uso de energías alternativas, etc.
Espero que mis hijos sientan gran respeto hacia los demás seres vivos y a la naturaleza. Espero que aprendan a respetar las diferencias de todo tipo, pero sobre todo de opinión y creencias ajenas.
Espero que mis hijos sientan gran respeto por sí mismos y aprendan a exigir ese respeto cuando se haga necesario ante los demás.
Espero que mis hijos se conozcan lo suficiente como para elegir de forma libre y consciente una ocupación en la que puedan disfrutar y con la que se sientan plenos y realizados.
Espero que, si eso es lo que necesitan ellos, sean lo suficientemente flexibles y valientes como para poder explorar diferentes ocupaciones siguiendo los ciclos de vida que les toque vivir, y no se queden apegados a algo que ya acabó por miedo al cambio.
Espero también que puedan aceptar de buen grado la posibilidad de dedicarse durante el tiempo necesario a otros trabajos que no les motiven si les resulta necesario para cumplir con sus responsabilidades o sobrevivir.
Desearía que mis hijos se vincularan a otras personas no por "necesidad" o por "miedo a la soledad" sino más bien por gusto de estar con el otro y querer compartir.
Querría poder ayudar a mis hijos para que encuentren la manera de poder expresar sus emociones y gestionar los conflictos sin crearse problemas ni dañar a otros, pero también sin dañarse a sí mismos ni reprimir lo que sienten.
Espero que sean personas honradas y aseadas y que vivan en un hogar digno, en condiciones aceptables de orden y limpieza.
También espero de ellos que sepan alimentarse de forma adecuada y cocinar lo preciso.
Un objetivo fundamental de la educación que deseo transmitirles es el riesgo y el gran poder de las adicciones, tanto las físicas (drogas, alcohol,...) como las mentales (ludopatías, televisión, redes sociales...)
Y como no he reflexionado todavía largo y tendido sobre el tema, dejo esta entrada abierta para poder ir haciendo las modificaciones precisas que considere oportunas.
24 sept 2011
Parque Jurásico.
Durante el año pasado llevé a cabo un proyecto para D. que fue largo y costoso.
Como le gustan tanto los dinosaurios todo el mundo le habla de la película Parque Jurásico. No considero que sea una película apta para niños tan pequeños. Hay mucha violencia, sangre y da realmente miedo.
Pero me comprometí a escribirle un libro con la historia y fotos de la película.
Cuando le hice la promesa no imaginaba que lo convertiría (con mi meticulosidad habitual) en un proyecto tan pesado.
Fue un trabajo complejo de trancribir los diálogos, describir las escenas, adaptar las partes más violentas, dar explicación a las contradicciones y fallos de la película, además de capturar cientos de fotos, seleccionar las que finalmente usaría, tratar de mejorar un poco el color de las fotos.
Quería regalárselo por su cumpleaños, y estaba agotadísima de leer y visualizar constantemente lo mismo (me he convertido en una experta de categoría en la pelicula). Así que finalmente lo envié a imprimir confiando en que estuviera aceptable.
A él le ha encantado, pero claro... es que no es él quien lo ha leído, se lo hemos leído tres o cuatro veces sus padres. Pero había multitud de fallos, letras de más, letras de menos, cosas repetidas, frases insufribles, incluso faltas de ortografía!!! A mí me dolían los ojos en ocasiones.
Y como necesito ayuda (por lo pesado que se me hace) regalaré el libro en formato electrónico a quien quiera ayudarme a corregirlo, si alguien se anima que me lo comente.
Gracias!!!!
Como le gustan tanto los dinosaurios todo el mundo le habla de la película Parque Jurásico. No considero que sea una película apta para niños tan pequeños. Hay mucha violencia, sangre y da realmente miedo.
Pero me comprometí a escribirle un libro con la historia y fotos de la película.
Cuando le hice la promesa no imaginaba que lo convertiría (con mi meticulosidad habitual) en un proyecto tan pesado.
Fue un trabajo complejo de trancribir los diálogos, describir las escenas, adaptar las partes más violentas, dar explicación a las contradicciones y fallos de la película, además de capturar cientos de fotos, seleccionar las que finalmente usaría, tratar de mejorar un poco el color de las fotos.
Quería regalárselo por su cumpleaños, y estaba agotadísima de leer y visualizar constantemente lo mismo (me he convertido en una experta de categoría en la pelicula). Así que finalmente lo envié a imprimir confiando en que estuviera aceptable.
A él le ha encantado, pero claro... es que no es él quien lo ha leído, se lo hemos leído tres o cuatro veces sus padres. Pero había multitud de fallos, letras de más, letras de menos, cosas repetidas, frases insufribles, incluso faltas de ortografía!!! A mí me dolían los ojos en ocasiones.
Y como necesito ayuda (por lo pesado que se me hace) regalaré el libro en formato electrónico a quien quiera ayudarme a corregirlo, si alguien se anima que me lo comente.
Gracias!!!!
23 sept 2011
Pirámide alimentaria
A D. le preocupa el tema de la alimentación. Quiere saber por qué no se pueden comer de forma habitual ciertos alimentos, quiere saber "qué pasaría" si los comiera, quiere saber por qué es importante comer de forma equilibrada, qué alimentos se deben comer, qué es sano y qué no es sano.
Cuando vamos al médico y ve la pirámide alimentaria le gusta mucho verla y hablar de ella.
Imágenes extraídas de: http://www.nutricion-dietas.com/2011/02/22/economia-sociedad-y-alimentacion/piramide-alimenticia-naos-2/
Hoy ha surgido un juego muy divertido. Como tenemos un montón de comiditas de juguete hemos comenzado a clasificarlas en una pirámide gigante en la alfombra del salón. Hemos hablado mucho del tema y lo hemos pasado muy bien.
También hemos reflexionado de por qué no seguimos de forma exacta esas recomendaciones saludables, hemos hablado de que en nuestra familia damos importancia a la salud y también al disfrute, así que los ponemos en una balanza y deben estar equilibrados, no pasarse con el disfrute y descuidar la salud, pero tampoco obsesionarse con la salud y no dar importancia al disfrute.
Con D. esta reflexión es especialmente importante hacerla, porque tiene tendencia a la hipocondria y puede llegar a agobiarse si se toma las cosas al pie de la letra.
Cuando vamos al médico y ve la pirámide alimentaria le gusta mucho verla y hablar de ella.
Imágenes extraídas de: http://www.nutricion-dietas.com/2011/02/22/economia-sociedad-y-alimentacion/piramide-alimenticia-naos-2/
Hoy ha surgido un juego muy divertido. Como tenemos un montón de comiditas de juguete hemos comenzado a clasificarlas en una pirámide gigante en la alfombra del salón. Hemos hablado mucho del tema y lo hemos pasado muy bien.
También hemos reflexionado de por qué no seguimos de forma exacta esas recomendaciones saludables, hemos hablado de que en nuestra familia damos importancia a la salud y también al disfrute, así que los ponemos en una balanza y deben estar equilibrados, no pasarse con el disfrute y descuidar la salud, pero tampoco obsesionarse con la salud y no dar importancia al disfrute.
Con D. esta reflexión es especialmente importante hacerla, porque tiene tendencia a la hipocondria y puede llegar a agobiarse si se toma las cosas al pie de la letra.
22 sept 2011
Nuestro verano con fotos
Cumpleaños:
Agua y arena:
Arena y agua:
Marisco, pulpo y muchas cosas ricas:
Pesca de cangrejos:
Dibujos y más dibujos, hasta un dinosaurio punteado:
Moldeando un rex en la playa:
Bajar y bajar por el tobogán:
Espectáculos de calle: cuentacuentos, malabares y magos.
Visitamos la ciudad de las artes y las ciencias:
Fuimos al encuentro de ALE:
21 sept 2011
Estamos de vuelta!!!!
Bueno, pues después de tres meses de tener el blog parado, volvemos otra vez. Aunque no sé con cuanta frecuencia podré escribir ahora.
La pequeña Z. está para comérsela, es muy muy activa, tiene un añito y ya camina y va desmontando toda la casa a su paso, poniéndose en todos los peligros, aprovechando cada descuido, etc.
D. está muy alto y muy mayor. Los seis años le han sentado de maravilla. Está guapísimo y más cariñoso que nunca.
Este verano toda actividad intelectual ha estado paralizada casi por completo, siguiendo los ritmos naturales que yo percibo interiormente. Yo siento que el invierno me invita a retraerme, a hacer más actividades en casa, leer más, aprender más cosas a través de libros, etc. Pero el verano es "para afuera", para lo físico, para la vida al exterior, a la naturaleza.
Así que eso es lo que hemos hecho este verano, y una de las razones por las que el blog ha estado tan parado.
Para Z. ha sido un verano de libertad y asalvajamiento, ha pasado gran parte del día desnuda, trepando por las rocas, chupando todo lo que encontraba, arrastrándose por tierra, arena o cesped.
Ha estado muy feliz, ha aprendido a saludar y pasa el día diciendo "hola" a todo el que se cruza con ella por la calle. Está muy simpática y muy traviesa.
Para D. ha sido el verano de querer empezar a tener amigos. Ha descubierto los magos y la magia. También ha querido aprender a jugar al tenis. Incluso por primera vez ha querido coger una pelota y darle unas patadas, ahora dice "me gusta el futbol aunque yo soy malísimo, soy una patata" (sin atisbo de vergüenza).
Ha estado muy sano y muy feliz, también ha disfrutado mucho de la naturaleza. Además cada día nos asombra y nos maravilla con su gran capacidad para dibujar y con sus comentarios agudos e inteligentes.
Y además ¡¡¡¡¡Ha aprendido a nadar!!!!!
Él solito, tal y como aprendió a bucear. Ha sido super emocionante y ahora se ha convertido en un pez. Lo ha hecho en poco más de una semana, ha sido fantástico.
Este es uno de los aprendizajes que tengo como objetivo fundamental en la educación de mis hijos. No son muchos los objetivos innegociables y básicos que tengo en mente, pero este es uno de ellos, y me siento muy feliz de que lo haya logrado.
En otras entradas iré contando cosas de nuestro verano...
La pequeña Z. está para comérsela, es muy muy activa, tiene un añito y ya camina y va desmontando toda la casa a su paso, poniéndose en todos los peligros, aprovechando cada descuido, etc.
D. está muy alto y muy mayor. Los seis años le han sentado de maravilla. Está guapísimo y más cariñoso que nunca.
Este verano toda actividad intelectual ha estado paralizada casi por completo, siguiendo los ritmos naturales que yo percibo interiormente. Yo siento que el invierno me invita a retraerme, a hacer más actividades en casa, leer más, aprender más cosas a través de libros, etc. Pero el verano es "para afuera", para lo físico, para la vida al exterior, a la naturaleza.
Así que eso es lo que hemos hecho este verano, y una de las razones por las que el blog ha estado tan parado.
Para Z. ha sido un verano de libertad y asalvajamiento, ha pasado gran parte del día desnuda, trepando por las rocas, chupando todo lo que encontraba, arrastrándose por tierra, arena o cesped.
Ha estado muy feliz, ha aprendido a saludar y pasa el día diciendo "hola" a todo el que se cruza con ella por la calle. Está muy simpática y muy traviesa.
Para D. ha sido el verano de querer empezar a tener amigos. Ha descubierto los magos y la magia. También ha querido aprender a jugar al tenis. Incluso por primera vez ha querido coger una pelota y darle unas patadas, ahora dice "me gusta el futbol aunque yo soy malísimo, soy una patata" (sin atisbo de vergüenza).
Ha estado muy sano y muy feliz, también ha disfrutado mucho de la naturaleza. Además cada día nos asombra y nos maravilla con su gran capacidad para dibujar y con sus comentarios agudos e inteligentes.
Y además ¡¡¡¡¡Ha aprendido a nadar!!!!!
Él solito, tal y como aprendió a bucear. Ha sido super emocionante y ahora se ha convertido en un pez. Lo ha hecho en poco más de una semana, ha sido fantástico.
Este es uno de los aprendizajes que tengo como objetivo fundamental en la educación de mis hijos. No son muchos los objetivos innegociables y básicos que tengo en mente, pero este es uno de ellos, y me siento muy feliz de que lo haya logrado.
En otras entradas iré contando cosas de nuestro verano...
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